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El campeón y sus tesoros. Jesús Rojas Díaz con su compañera Yeslián Rebollo y sus hijos, Jesús Jr. (7 años), Jenniliz (10) y Jaimiliz (8). (semisquare-x3)
Jesús Rojas Díaz con su compañera Yeslián Rebollo y sus hijos, Jesús Jr. (7 años), Jenniliz (10) y Jaimiliz (8). (David Villafañe)

El trayecto profesional de Jesús Manuel Rojas Díaz ha sido tan escabroso, que podría decirse que el cagüeño está curado de espanto.

Lesiones y problemas de manejo y promoción lo forzaron a largos periodos de inactividad.

El destino finalmente le sonrió el 15 de septiembre, con una oportunidad de retar al campeón interino peso pluma de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), el dominicano Claudio Marrero.

Rojas (26-1-2, 19 nocauts) aprovechó al máximo el momento, noqueando a Marrero de manera espectacular tras siete asaltos de mucha acción. Y aunque finalmente alcanzó una de sus metas principales -coronarse campeón mundial- al momento espera el resultado final de las pruebas de dopaje del combate, luego que la Comisión Atlética del Estado de Nevada (NSAC) ordenara examinar la prueba B tras aparentemente no estar satisfechos con el resultado de la prueba A.

Sería comprensible si luego de encarar tantos obstáculos, Jesús tuviera una actitud de confrontación o negativa. Pero a pesar de todo, el nuevo titular interino de la AMB sigue siendo el afable y humilde muchacho del barrio Cañaboncito de Caguas.

¿Qué motivó a Rojas a no rendirse en esos momentos difíciles, en los que pasaba más de un año sin pelear y parecía que su sueño boxístico se desvanecía? Para el cagüeño, la respuesta es fácil.

¨Estos muchachitos son los que me dan esa energía para seguir adelante¨, dijo Rojas en una visita reciente a la redacción de El Nuevo Día, acompañado de su motivación: sus hijos Jenniliz, Jeyimiliz, y Jesús, hijo. Junto al campeón también se encontraba su compañera Yeslián M. Rebollo. “Me sacrifico para que ellos tengan mejor educación, para que no tengan que pasar por las dificultades que a veces pasamos nosotros”.

La anécdota que ejemplifica la entrega de Rojas hacia sus vástagos fue la ocasión en la que llegó con el cabello pintado de azul a una conferencia de prensa. ¿La razón del cambio de “look”? Hacer reír a sus niños.

“Los nenes vieron a una persona con el pelo pintado de colores y me dijeron, ‘papi, ¿por qué tú no te pintas el pelo así?’ Y yo les respondí: ‘estésen tranquilos, que me lo voy a pintar’”, relató.

Su hija mayor, Jenniliz, continuó la anécdota. “Nosotros le dijimos, ‘claro que no’. Y él fue y se lo pintó”, dijo la chiquilla de 10 años.

La precoz niña dijo que su padre disfruta bromear y hacerlos reír pero no todo el tiempo. “A veces es bien divertido y a veces es aburrido”, sostuvo, lo que desató carcajadas de la familia en el salón de entrevistas de GFR Media.

“Me imagino que la parte que ella ve como aburrida es cuando me pongo a entrenar, que lo que hago es dormir y pelear”, dijo Rojas. “Me pongo un poquito arrogante con la esposa mía porque estoy haciendo dieta y eso de tilapia y tilapia y tilapia de comida todos los días es algo, pues, que cansa. Pero tengo una familia hermosa”.

“La experiencia con mi papá fue muy diferente y trato que lo que no tuve en mi niñez, ellos lo tengan y sean felices”, explicó Rojas, cuyo padre, José ‘Cheque’ Rojas, falleció hace seis años.

El titular interino de la AMB explicó que su progenitor, “era el hombre de la casa y se la pasaba trabajando para mantenernos. Tú sabes que uno de joven se hace preguntas: ¿por qué papi no juega conmigo? ¿Por qué siempre llega tarde? Y era porque estaba trabajando? Yo lo viví y por eso hasta el día de hoy trato de que ellos no pasen por eso”.

“La relación con mi papá era excelente. El último tiempo que lo tuve en vida no fue como padre e hijo, era una relación bien diferente. Éramos como mejores amigos. Todo lo que no tuve de chiquito lo experimenté entonces”, relató el púgil. “Pude contestar muchas de las preguntas que me hice de pequeño. Comprendí por qué lo hizo; sacrificarse tanto”.

Un inicio usual

Como otros púgiles, el boxeo fue para él una manera de canalizar sus energías y aprender la importancia de la disciplina y del tesón.

“Yo era bien peleón en la escuela, como a los 9, 10, 11 años. Entonces unos amigos me invitaron al gimnasio (de boxeo). Primero les dije que no, pero a la tercera fue la vencida y fui”, recordó Jesús sobre su comienzo en el deporte de las narices chatas. “Me gustó y dejé de pelear en la escuela porque yo pensaba, ‘¿para qué pelear en la escuela, si en la tarde tengo que pelear en el gimnasio y también correr por las mañanas?’ En la escuela ya estaba demasiado cansado como para pelear. En el gimnasio empezamos 12 de la escuela y hoy día el único que queda soy yo”.

Ha sido un largo camino desde ese primer paso para entrar al gimnasio de boxeo en Bairoa, Caguas, hasta lograr coronarse campeón interino en las 126 libras. Pero Jesús sigue siendo el mismo.

Al momento se habla de peleas con los campeones Abner Mares o Leo Santa Cruz. Estos le asegurarían grandes bolsas al cagüeño.

Pero Rojas sabe que en el boxeo hay una gran diferencia entre un pájaro en mano y cien volando.

“Yo no creo ya que tengo una pelea hasta que no veo el contrato con su nombre y firmado”, explicó Jesús, a quien parece que la corona no le ha cambiado su buena disposición, “Me siento normal. Siempre que me llega una pelea yo me digo, ‘a este tipo es el que hay que darle y sacarlo de ahí porque es el que está impidiendo lo que yo quiero: proveer para mi familia’”.


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