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El espacio de cotrabajo Engine-4 recuperó casi de inmediato el servicio de internet tras el paso del huracán.  (Suministrada) (semisquare-x3)
El espacio de cotrabajo Engine-4 recuperó casi de inmediato el servicio de internet tras el paso del huracán. (Suministrada)

El espacio de cotrabajo Engine-4, en Bayamón, ha vuelto a sus orígenes de refugio de la Defensa Civil tras el azote del huracán María.

En esta instalación de 24,000 cuadrados -dotada con internet aéreo y por fibra óptica, cisterna soterrada y un potente generador diésel- están laborando desde una firma de arquitectos hasta personal de la planta de Microsoft en Humacao y representantes de ventas de AT&T, contó su cofundador, Luis Armando Torres.

Esto incluye firmas tecnológicas que exportan servicios como Wovenware, Campodata y Fusionworks, además de negocios de contabilidad, facturación médica y diseño gráfico, que se han sumado a los inquilinos que ya laboraban desde Engine-4. Todos buscan lo mismo: un espacio donde puedan dar continuidad a sus operaciones, golpeadas por María, pero que no pueden detener por falta de electricidad o de conexión confiable a la red.

“Esto aquí antes era un cuartel de la Defensa Civil. Aunque tiene muchos cristales, fue diseñado para aguantar”, relató Torres, quien pasó el huracán dentro de la instalación.

“Me encargué con mi gente de velar el sitio. Entró agua por un área del techo que se lastimó. Se metió agua debajo de las puertas cuando se inundó el estacionamiento. La sacamos y comenzamos a reacomodar todo lo que habíamos levantado para protegerlo. Y, al otro día de pasar María, ya tenía a una firma de arquitectos aquí en la puerta”, indicó.

“En el caso de Cobián Media, salvaron sus equipos porque los guardaron aquí, ya que sus oficinas (en Ocean Park) se inundaron”, ofreció como ejemplo.

Recuperar casi de inmediato el servicio de internet, que le provee por fibra óptica Columbus Network y por aire OSNet, no fue cuestión de suerte, sino de preparación, reveló Torres.

“Antes del huracán, lo que hice fue acostar mis antenas y los platos los metí dentro del edificio para que no volaran”, explicó. “Mucha gente no hizo eso. Cuando los platos volaron, las propias proveedoras no tenían sustitutos porque perdieron los almacenes o la mercancía no les había llegado”.

Esta precaución permitió que, por ejemplo, los “primeros refugiados” pudieran configurar su red interna con rapidez y, en el caso de la firma de arquitectos, conectarse con sus clientes en Panamá y Costa Rica.

“Hay varias empresas que, si no entregaban el trabajo pendiente, iban a tener que cerrar y despedir gente”, expresó Torres.

Aprovechar las lecciones

Torres hizo hincapié en que lo más urgente para la continuidad de negocios tecnológicos, en particular aquellos que exportan servicios, es levantar las telecomunicaciones y acelerar la reconexión de energía eléctrica.

De cara al futuro, Torres urgió a considerar las ventajas de soterrar líneas principales y no volver a fallar en el itinerario de mantenimiento, incluso predictivo, de instalaciones críticas, como las generadoras de la Autoridad de Energía Eléctrica.

“En cuanto a las telecomunicaciones, las proveedoras tienen que revisar su plan de acción. Tienen que tener redundancia y tener un plan de trabajo como el sector vital que son”, recomendó. El emprendedor elogió que tras la emergencia los proveedores inalámbricos han puesto a un lado la competencia precisamente para “levantarse más rápido”. Esa estrategia, opinó, deben extenderla a crear una grupo especializado en respuesta a desastres.


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