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Según Alberto Bacó, a principios del cuatrienio había solo cuatro grupos dispuestos a invertir capital en la Isla, mientras que ahora hay más de una veintena. (Vanessa Serra Díaz)

El titular del Departamento de Desarrollo Económico y Comercio (DDEC), Alberto Bacó, está convencido de que, aunque no logró alcanzar todos los objetivos que se había trazado para este cuatrienio, deja construida la zapata para encaminar la economía hacia terreno positivo.

Más aún, confía que cuando se escriba la historia sobre la debacle fiscal del País habrá un capítulo dedicado al desarrollo económico en tiempo de crisis. “Ahí se verá cómo Puerto Rico logró, en plena crisis, diversificar su economía, estabilizar la manufactura que estaba en un descenso acelerado, impulsar la agricultura y distintos nichos en el turismo, atraer nuevas inversiones en el sector de la aeronáutica y de servicios, y fomentar las exportaciones y las industrias creativas”, expresó el secretario, quien es el único funcionario de la presente administración que formó parte de los dos comités de transición -el entrante y el saliente-.

Preguntado sobre cuál cree que fue su mayor logro al frente del DDEC, dijo que sin duda ha sido el haber cambiado la mentalidad de que la economía de Puerto Rico dependía exclusivamente de la atracción de industrias. “La economía estaba estancada en el pensamiento moscosiano industrial y lo demás era secundario. Yo elevé eso para atender otros flancos y hacer de la economía una diversificada y participativa. Pasamos de la fijación en Manos a la Obra a Mentes a la Obra”.

De inmediato, procedió a mencionar algunos de los proyectos de desarrollo económico que se realizaron en el cuatrienio, entre ellos la negociación con la alemana Lufthansa Technik, la cual describió como “el acuerdo de la década, según lo fue el de Amgen en la década pasada, que al día de hoy tiene casi 2,000 empleos”. En los primeros dos años, Lufthansa ha tenido un impacto de $166 millones, y al presente, dicho segmento aeroespacial está formado por más de una docena de empresas.

Según él, a principios del cuatrienio había solo cuatro grupos dispuestos a invertir capital en la Isla, y ahora hay más de una veintena, muchos de los cuales han adquirido propiedades en Isla Verde, Santurce y Viejo San Juan, y han comenzado a transformar dichas zonas. Entre ellos mencionó a Morgan Reed Group, Putnam Bridge, los Hermanos Meruelo, Interlink, Prisa Group, O Horizon, Paulson & Co., Keith St. Clair, Leon Mayer & Co. y el Grupo Edge Waters. Este último es el que tiene el dique seco para reparar yates en Miramar y está construyendo una marina en el Viejo San Juan.

Muchos criticaron a esta administración por no haber hablado claro desde el iniciodel cuatrienio sobre la situación fiscal que encontraron. ¿Concuerda con esa apreciación?

“Yo rebato eso. Está documentado en todos los trabajos la crisis que heredamos y esa información la comunicamos. Pero dentro de los procesos políticos, y yo no soy político, no se permitió que se implantara la medicina que se necesitaba y que tenía que hacerse a tiempo”.

Otro de los argumentos que se escuchó durante los pasados cuatro años fue que no había un plan de desarrollo económico. Bacó también negó esa premisa, aseguró que el plan estuvo delineado desde el día uno y el mismo se enfocaba en tres pilares: revitalizar los sectores tradicionales fuertes como la manufactura y el turismo; impulsar proyectos de alto impacto como el Fideicomiso de Ciencias y Tecnología, Roosevelt Roads y el Puerto de Las Américas en Ponce; y las apuestas estratégicas como el turismo médico y la agricultura.

“Yo quisiera que la nueva administración triplique los resultados que logramos en nuestra administración”, lanzó como reto.

Según su plan, ¿cuándo se supone que hubiese comenzado a levantar la economía?

“Empezaba a levantar seis meses después de que se aprobara la reforma contributiva en la que se iba a tributar el consumo y no la productividad”.

O sea, ¿qué fue la Legislatura de su propio partido la que impidió que la economía empezara a crecer este cuatrienio?

“Te repito, yo no soy político, pero la situación de la deuda se pudo haber manejado si la medicina se hubiera implantado a tiempo. El partidismo lo impidió, no se logró aprobar la reforma contributiva en la Legislatura. Eso fue terrible, yo diría que ese fue el ‘turning point’, fue una pesadilla. Haber dejado esa discusión para el quinto semestre, no atenderlo antes y tener que subir el IVU fue fallido”.

¿Se va frustrado por la acción legislativa?

“Parte de la frustración es como la que sienten los padres que tienen hijos talentosos cuando ven que lo único que hacen es dormir y beber. Nosotros tenemos tantas bendiciones y talentos en esta Isla, pero el tribalismo político impide que los desarrollemos. No es frustración lo que siento porque he logrado entender esa realidad y veo salidas. Una (de las salidas) es que dejamos un desarrollo económico fuerte, potente, la economía no está creciendo pero no es por desarrollo económico, es por el problema fiscal. Y dos, que la Junta (de Supervisión Fiscal) nos va a ayudar a resolver ese problema fiscal para que Puerto Rico pueda enfocarse en el desarrollo económico”.

Hablemos del Banco Gubernamental de Fomento. ¿En serio cree que es salvable? ¿Cómo se logra?

“Sí, definitivamente se puede salvar creando una nueva institución. Es reconceptualizarlo, sacar lo problemático a un lado, y que el Gobierno empiece a depositar y a pagar lo que le debe. Si no se hace así, la pérdida que tendrán las cooperativas y los inversionistas serán cuantiosas e innecesarias. Estudios Técnicos hizo un estudio de cómo se puede salvar el Banco Gubernamental, sacándolo de las manos directas del Gobierno, y que las cooperativas y las empresas tengan alguna participación, e incluso se podría destinar al Banco un porcentaje equis de lo que generan las empresas bajo las leyes 20 y 22”.

¿Qué opina de su sucesor Manuel Laboy?

“Es un buen nombramiento, una persona estudiosa, que escucha, es humilde, tiene buen récord de trabajo y buena preparación, y con un perfil profesional distinto al mío. Eso es bueno para que se atiendan áreas que aún faltan por mejorar, como la permisología. Lo veo enfocado en acercarse más al área fiscal, y si es así podría ayudar a resolver lo fiscal y a implantar la reforma contributiva”.

Bacó es abogado y contador público autorizado, mientras que Laboy es ingeniero químico licenciado.

¿Cree que Puerto Rico necesita una reforma contributiva?

“Sí. En Puerto Rico debemos aspirar a que lo máximo que tributen los individuos y las corporaciones por concepto de contribución sobre ingresos sea 8%, que es la tasa más alta a la que se tributa en algunos estados de Estados Unidos”.

¿A qué se dedicará de enero en adelante? ¿Descartaría regresar al servicio público?

“Estoy entrando en el último tercio de mi carrera, 40 años trabajando, tengo 58 y me veo trabajando 20 años más. No voy a ser empleado, me veo como asesor en el área de reestructuración de negocios, creando un fondo de inversión, añadiendo valor a varias compañías”.

Bacó dijo que no descarta regresar al servicio público por tercera ocasión. La primera fue durante el segundo cuatrienio del otrora gobernador Rafael Hernández Colón, cuando fue vicepresidente ejecutivo del Banco Gubernamental de Fomento y luego presidió el Banco de Desarrollo Económico.

Pero de regresar, sería solo porque ha habido un cambio en la manera en que se mide y se remunera el trabajo en el Gobierno. “Me atrevo a decirlo porque creo que he puesto mi granito de arena para que Puerto Rico transicione y madure”, apuntó.

¿Se va satisfecho con su trabajo?

“Me voy con muchas satisfacciones, entre ellas el haber aceptado dirigir el Banco Gubernamental de Fomento, haber estado desde el día uno de esta administración, en el comité de transición entrante, los múltiples proyectos que dejamos encaminados, y el haber tenido un equipo de trabajo comprometido y leal”.

¿Y con cuáles frustraciones se queda?

“Déjame pensar... (se queda callado y luego prosigue). No tengo frustraciones, pero tengo que decir que me hubiese gustado que la gente buena y talentosa que trabaja como empleados de confianza en el Gobierno se pudieran quedar laborando. Pero entiendo que el sistema no funciona así. Es una pena”.


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