(vertical-x1)
Participantes preparan los platos de comida que luego venderán a $5 o al precio que los comensales puedan pagar. ([email protected])

De la esquina de una céntrica estructura en plena avenida Universidad en Río Piedras, a pasos de la emblemática Torre, huele a sazón, a condimento, a rica comida caliente.

Es un martes cualquiera y frente al edificio Puerto Rico —una casa abandonada que grupos comunitarios ayudaron a rehabilitar en su exterior— los voluntarios concinan en calderos y ollas bajo una pequeña carpa.

En esta ocasión, la invitación es para los residentes de Río Piedras, pero esta iniciativa nació para servir a la comunidad de la Universidad de Puerto Rico.

Se trata del Comedor Social Universitario, esfuerzo creado hace varios años para saciar el hambre de estudiantes y de cualquiera que necesite de un plato de comida caliente a bajo o ningún costo.

“La iniciativa surgió para saciar el hambre en la universidad, para ayudar a visibilizar una necesidad bien grande en la comunidad universitaria”, dijo Giovanni Roberto, coordinador de Comedores Sociales de Puerto Rico, iniciativa que surgió de la huelga en la Universidad de Puerto Rico en 2010 y que continuó expandiéndose.

Para adquirir un plato de comida, explicó, se requiere un donativo sugerido de $5, aunque puede ser menor si la persona no tiene tal cantidad. El comensal también puede donar tiempo o llevar algún producto como intercambio de bienes, ya sea habichuelas, arroz, sofrito o algún otro que el grupo pueda convertir en alimento, así como utensilios desechables.

Este proyecto de distribución de alimentos forjado en la autogestión se lleva a cabo de lunes a jueves, cerca del mediodía y hasta que se acabe la comida, en varios recintos de la UPR, incluyendo Río Pidras, Cayey, Mayagüez, Humacao y Ponce.

En algunos de estos campus, sin embargo, los gestores son los consejos estudiantiles y otras entidades universitarias.

“De la huelga se crearon unos espacios, entramos en conversaciones para que uniéramos este esfuerzo. Parte del reclamo era que los estudiantes necesitaban un espacio en el recinto para gestar esta iniciativa”, dijo Roberto.

En el campus de Río Piedras, por ejemplo, los gestores y voluntarios del Comedor Social Universitario ubican las mesas de comida en la Facultad de Ciencias Sociales, la de Estudios Generales y cerca de Administración.

Según Krystal Cobián, estudiante del recinto riopedrense de la UPR y colaboradora de este esfuerzo, solo en los campus de Río Piedras y Cayey se reparten semanalmente unos 800 platos.

“La comida es una necesidad básica. Sin comida, no funcionamos de manera óptima. Si queremos superar la crisis, la comida es un buen principio”, dijo Cobián.

Según la estudiante de biología e historia de Europa, hay edificios en desuso en la UPR que esta iniciativa podría ocupar, como la vieja sede de la Escuela Graduada de Planificación. Agregó que el dinero que recolectan con la venta de comida se invierte en este y otros proyectos de autogestión.

Su hermana, Stephanie Cobián, también estudiante de la UPR, era otra de las voluntarias que ese martes ayudaba a distribuir alimentos, al igual que Félix Meléndez, estudiante graduado de la UPR, a quien ese día le tocó cortar melones.

Mientras, Miliana Montañés, de 28 años, acudió con su esposo y dos hijos para alimentarse. Aunque era la primera vez que participaban, ella llegó preparada para intercambiar varias cajas de pasta y sacos de arroz a cambio del alimento.

“Seguimos sin luz ni agua y vinimos para aprovechar y comer algo caliente”, puntualizó Montañés, residente de Caguas.


💬Ver 0 comentarios