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Cada año, el Centro de la Mujer Dominicana hace una marcha de mujeres vestidas de novia en conmemoración del asesinato de Gladys Ricart. La comunidad se une al evento. Al centro, Romelina Grullón, directora del centro. (ARCHIVO)

“Cuando llegamos, lo primero que vi fue gente comiendo en un restaurante. Era de noche. Nos tiramos del bote, corrimos y nos metimos a un monte... Llegamos a un solar y en una casa nos dieron agua y pan. Éramos cuatro y a cada uno nos quitaron $600”.

Así fue como, hace 15 años, Máxima González llegó a Puerto Rico. Fue una travesía arriesgada, pero se atrevió, agarrada a la esperanza de un mejor porvenir para sus hijos.

Ya establecida aquí, conoció a un puertorriqueño, se enamoró y se volvió casar. Pensaba que su vida había tomado el rumbo correcto.

Se equivocó.

Terminó huyendo de su marido para salvar su vida. En medio de la desesperación, llegó a una casa en Río Piedras en la que había gente que le dio el abrazo que necesitaba y la asistió para que recobrara lo que la violencia de género le robó. Era el Centro de la Mujer Dominicana.

“Me recibieron con los brazos abiertos y me dieron un abrazo que tanto yo necesitaba. No podía dormir. Tenía pesadillas de él estando preso, con los cuchillos. En mi trabajo estaba bien nerviosa. En el centro me pusieron a una psicóloga y durante un año estuve en tratamiento, afrontando mis temores”, contó González, natural de San Francisco de Macorís en la República Dominicana.

“Ya puedo dormir tranquila”, agregó, bajo la mirada amorosa de la fundadora del centro, Romelinda Grullón, y la trabajadora social Noelia Delgado.

El Centro de la Mujer Dominicana es la única organización sin fines de lucro en la isla que se enfoca en las inmigrantes. Su misión es ayudarlas en los problemas que enfrentan una vez llegan a Puerto Rico. Se han especializado en combatir la violencia de género y hoy tienen un abanico de servicios, que van desde servicios de abogados y psicólogos, hasta acompañamiento en los tribunales.

Esos servicios no están disponibles solo para inmigrantes sino que cuando una puertorriqueña toca a sus puertas pidiendo auxilio, también se los dan.

La comunidad se ha integrado al Centro, organizando bazares y actividades para ayudarlas económicamente. También las ayudan en la organización de marchas, como la que hacen cada año, vestidas de novia, en memoria del asesinato de Gladys Ricart y como método para llevar un mensaje poderoso en contra de la violencia doméstica.

Tal vez, lo más importante es que las participantes se convierten en eslabones de una cadena de ayuda y solidaridad hacia las que lo necesiten. Lo hacen con un abrazo, hasta ofrecer un techo cuando los hogares de acogida no pueden.

“La comunidad nos ayuda. Participan en talleres, venden tickets, traen comida, ropa”, dijo Grullón.

Entre el 70% y 80% de su clientela es dominicana, y 6 de cada 10 llegan con estatus migratorio irregular. Para esas mujeres, los viajes en yola son un mayor peligro.

“En la travesía, se corren muchos riesgos que muchas veces no se lo toman los hombres”, agregó Grullón.

¿Como cuáles?

“Un gran porcentaje son violadas, antes, durante y después de la travesía. Mujeres que han presenciado situaciones en los viajes, de tirar a compañeras por tener menstruación o porque han abortado... No es mito, es una realidad y no le pasa a los hombres”.

¿Qué representa el centro para ellas?

“El centro se convierte en su segundo hogar. Se sienten amadas, escuchadas y reciben la ayuda de profesionales”.


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