Carmen Centeno Añeses

Tribuna Invitada

Por Carmen Centeno Añeses
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Para restaurar urge abolir la ley de cabotaje

No puede existir un plan económico y social para la recuperación de Puerto Rico que no proponga la eliminación de las leyes de cabotaje. Estas han impuesto el uso de la marina mercante estadounidense desde comienzos de siglo XX como medio de transporte de lo que se importa al país aumentando en un 40% todos los productos que llegan mediante este medio. El huracán María y la devastación que causó han creado mayor conciencia de lo que afecta esta política a la economía puertorriqueña.

No es posible que solo se concedan 10 días de suspensión de su vigencia, gracias a la petición del gobernador Ricardo Rosselló al Presidente Donald Trump, debido a que el país vive una crisis humanitaria por los efectos del huracán. La prensa ha informado que han muerto 200 personas por falta, entre otras cosas, de diésel y oxígeno en centros de envejecientes y hospitales. Las carreteras han estado obstruidas por árboles, postes y cables, además de objetos diversos, lo que ha hecho ardua la tarea de llevar suministros esenciales como el agua y alimentos a todas las comunidades. Otros elementos que han ahondado la crisis han sido las inundaciones en Toa Baja por la apertura de una represa que causaron el caos entre los residentes del área y la pérdida de parte de sus propiedades, además del hecho de que durante los días postciclón las farmacias, al no poder utilizar el sistema de computadoras, no aceptaron planes médicos contribuyendo así al encarecimiento de los medicamentos en plena crisis. Lo mismo hicieron muchos de los que brindan servicios de salud. La carestía de comida y agua en comunidades del centro de la Isla y otras zonas ha llevado al racionamiento en la alimentación y al hambre.

La Junta de Supervisión Fiscal no debe tampoco estar ajena a esta situación, ya que la misma tiene como encomienda elaborar un plan de desarrollo para la Isla. La creación de este debe tomar en cuenta que el 80% de las cosechas se perdió por los fuertes vientos del fenómeno atmosférico. Esto nos plantea el alza en las importaciones y el bloqueo de la pronta posibilidad de alcanzar la soberanía alimentaria a la que debemos aspirar. Antes de que se desate una hambruna debemos abolir las leyes de cabotaje, aunque no es este el único aspecto legal que es necesario cambiar. Esto debe lograrse mediante el consenso urgente de todos los sectores políticos, pues es un requisito indispensable para la restauración de la economía, la salud y la sobrevivencia de los puertorriqueños.

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